martes, 20 de agosto de 2013

La sexualidad en el contexto social y en la escuela

SEXUALIDAD. Entendida como la expresión del instinto sexual
o como la actitud de los individuos en relación con la actividad sexual,
constituye un fenómeno social de primer orden,
condicionado por la evolución de las ideas y creencias.
(Gran Enciclopedia Universal. ASURI. Bilbao, 1990. Tomo 19.)

            La sexualidad es un problema político, una herramienta para mantener el equilibrio del orden social, un instrumento de evitación de un conflicto descontrolado. Por ello se le somete desde las instituciones detentadoras de poder a una serie de normas que delimitan sus parámetros y refuerzan el equilibrio sistémico jerárquico. A través de estas normas, que fácilmente terminan convertidas en leyes, se uniformiza lo desigual como medida de control del equilibrio, que utiliza tanto una violencia física como simbólica para hacer efectivo el sometimiento a esas normas que saturan nuestras vidas y se sitúan por encima de nosotros mismos, pudiendo llegar a hacernos sentir invisibles frente a un todo social definido desde el poder.

            La sexualidad resulta ser el resultado del cruce de la naturaleza con la estructura social y responde, por tanto, a condiciones sociales determinados por un contexto. En un primer momento, nos puede parecer un asunto íntimo que concierne únicamente a la privacidad de cada individuo. Este parecer deriva de la idea de que la sexualidad responde a una fuerza natural, que va más allá de lo razonable, y que, por tanto, responde a algo casi instintivo que le otorga un carácter de impermeabilidad al cambio. En torno a esta idea, desde el poder, entendido como todo aquello que otorga legitimidad (la religión, la medicina, el matrimonio, etc), entendida como toda institución con influencia, se han venido, a lo largo de la historia, construyendo diversos discursos en torno al mismo eje de carácter cerrado centrado en la sexualidad únicamente como medio de reproducción. Es decir, discursos que han situado la reproducción como fin último de toda práctica sexual, situando fuera de “lo normal” a toda práctica que no respetara este objetivo.

            Frente a esta postura, lo cierto es que la sexualidad de  los seres humanos se va  construyendo mediante pautas sociales y culturales cada vez más alejadas de la reproducción, es decir, hoy en día la mayoría de las prácticas sexuales humanas no tienen como objetivo la descendencia. Por tanto, resulta evidente que  la naturaleza no determina la conducta sexual. Sin embargo, las concepciones universalistas y totalizadoras sobre sexualidad, basadas en un discurso biológico, han llevado a enraizar en nuestra cultura concepciones erróneas que nos impiden o retrasan el cuestionamiento de ésta. El retraso de este cuestionamiento no es más que una forma de no alterar el equilibrio, de forma que, las dudas o contradicciones se permiten cuando las fronteras del orden social se llenan de poros al necesitar reajustes por el cambio de intereses.

            Desde el poder se utiliza la sexualidad como instrumento de gestión demográfica y de mantenimiento del orden social. Debe gestionar los recursos existentes y el reparto de los mismos para controlar los desajustes y mantener el equilibrio. La sexualidad no puede ser recluida a lo privado, ya que responde a prácticas institucionalizadas específicas que la convierten en un asunto social.

            Las prácticas sexuales son prácticas sociales en el momento en que son reguladas desde la cultura y la estructura. Por tanto, el recluirlas a lo privado, lejos de ser respeto, es disfrazarlas bajo una máscara que se impone desde quienes dirigen la estructura social. Es  hacerlas invisibles. El sexo es una actividad social y las conductas sexuales son conductas sociales (obligaciones, normas, reglas, prohibiciones, pactos entre grupos, etc.)

            La cultura de los jóvenes conforma muchas de sus opiniones y comportamientos, también en la sexualidad. Mucha de la información sobre el sexo la obtienen de esta subcultura que proporciona creencias a través de los medios de comunicación y que termina siendo lo que un adolescente interpreta que sus amigos esperan que él haga. Las ficciones en los medios y en libros o televisión crean ideologías sobre las relaciones entre los sexos, la expresión sexual y el poder. Las revistas para adolescentes, o las de adultos, crean una identificación con actitudes de control, de acción y de dominio, una iniciativa personal en la sexualidad. Se crean estereotipos, como por ejemplo en los videojuegos, de chicos agresivos, sin piedad, competitivos, y de mujeres frágiles.

            Los colegios pueden proporcionar una educación sexual que es preventiva si se comienza temprano, mejorando las actitudes seguras, el conocimiento sobre la contracepción, retrasando la actividad sexual y reduciendo las tasas de embarazo, y no hay evidencias de que aumente la frecuencia o el inicio de las relaciones sexuales. Un primer debate es si debe darse como recomendación la abstinencia, y es una opción controvertida, porque supone problemas para las mentalidades más liberales. Además es una educación que no sabemos a ciencia cierta que funcione bien. Un objetivo es retrasar la edad de inicio de las relaciones, y otro es minimizar los daños si sabemos que algunos adolescentes van a realizar comportamientos de riesgo. El mejor modelo parece ser multidimensional, en el que se ofrece información a los alumnos y se les dan oportunidades, cuando ya son sexualmente activos, y se presenta la abstinencia como una opción personal.

            La eficacia de la educación sexual depende de que los alumnos adquieran un conocimiento directo sobre las funciones de su cuerpo, y adquieran un comportamiento responsable. Además de las actitudes hacia la sexualidad hay que crear contextos en los que los adolescentes tengan un guión sobre cómo son las relaciones sexuales, en el que se enseña sobre la sexualidad junto con la enseñanza sobre las relaciones, y una manera exploratoria y responsable de comprender los valores sexuales y de tomar decisiones en el terreno sexual. Estas lecciones son un proceso de varios pasos:
1.         Facilitar la comunicación sobre la sexualidad y las relaciones
2.         Desarrollar el conocimiento y la comprensión del desarrollo físico y emocional
3.     Desarrollar una conciencia del desarrollo social y de las influencias que afectan a las decisiones personales
4.    Promover la responsabilidad hacia el buen comportamiento y la habilidad de tomar decisiones informadas sobre la sexualidad y las relaciones
5.       Desarrollar las habilidades necesarias para cuando los adolescentes, más adelante, vayan a ser padres
6.       Aumentar el conocimiento sobre los servicios de cuidado de la salud


            La globalización es otra realidad, que está aumentando la comunicación de los jóvenes de todo el mundo sobre este tema, entre otros: hay una gran diversidad cultural, lo cual supone distintas influencias sobre el aprendizaje de la sexualidad en cuanto a la salud, el comportamiento, las creencias y las actitudes. Hay problemas culturales, ya que muchas normas son contrarias a la dignidad de los adolescentes en sus relaciones sexuales.

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